¡A moverse!
La culpa la tiene Nintendo, como de muchas cosas que han sucedido en los últimos años. Se les ocurrió que podíamos movernos para jugar. Que so conseguiría que todo el mundo se pusiese delante de la consola. Y vaya si lo consiguieron.
Ahora hay muchos descreídos que piensan que la Gran N cometió un error trayendo a todos esos "casuals" al mundo de los videojuegos. Que los Party games son un horror. Pero, con alrededor de 70 millones de Wiis repartidas por todo el mundo, el error lo habrá cometido otro.
Vamos, que Nintendo es culpable de haber tenido la mejor idea de la última década. Como decimos, algo habitual en la casa.
Los jugones se meten con los juegos sociales porque, realmente, no quieren jugar de pie.
Prueba de ello es el creciente Wii Motion Plus imitación que sufre Nintendo, de la forma que sea, que aunque tarde, ha llegado. Playstation ataca con su Move , que es un mando hipersónico, luminoso, con un sensor de movimiento muy sofisticado y que implementa una cámara que ayuda a que el mando funcione y que, ya de paso, sirve para introducir algo de realidad aumentada a la experiencia.
Por su lado, Microsoft ataca con Kinect y su sensor de movimiento (y a partir del próximo año, también de habla) que convierte nuestro cuerpo en un mando.
Y, por último, Wii tiene su Wii Motion Plus, que no ha conseguido demasiada representación en el mercado de los videojuegos, pero que ofrece una sensación mucho más certera, sin pompones luminosos de por medio.
Todos esots objetos sirven para jugar. Y jugar es lo que podemos hacer con ellos. Principalmente a títulos sociales, participativos, deportivos y, claro está, divertidos.
El problema viene cuando uno le pide a todos estos sistemas algo diferente. Cuando le pide que sirvan para probar títulos "hardcore", que sirvan para jugones. Sí, evidentemente se pueden hacer títulos para jugones. Se pueden hacer realistas, inmersivos, juegos que nos lleven a grandes sensaciones. Y que, ya de paso, al requerir movimiento, nos sirvan para hacer ejercicio. Que, nunca falta ejercicio cuando uno se dispone a salvar la galaxia.
Pero, amigos míos, existe un problema: para jugar de la forma más realista posible, es preciso estar de pie. Es el mayor problema que le veo al nuevo Zelda, presentado en el pasado E3. La sensación es genial, pero es largo y hay que estar de pie. Ya le pasaba a la secuela de Red Steel: había que estar de pie. No vale con sentarse en el sofá y hacer de rodilla apoya brazos. Si quieres jugar, usar tu mando como una espada, y creerte todo un guerrero, tienes que permanecer altivo, estirado y erguido, como todo un héroe.
Y eso es algo que no hacen los jugones. Los jugones quieren un mando en la mano, porque quieren estar medio tirados en el sofá, con la barriga asomando, una pierna en postura imposible y la otra haciendo de almohada para una de sus nalgas. El jugador no quiere ser el héroe, quiere que lo sea el muñeco que aparece en pantalla por él. El jugón, el verdadero jugón, el de verdad de la buena, se queja de que todo lo que implica movimiento es malo, porque él sueña con que la tecnología para controlar el juego con las cejas o con la mente funcione de verdad. Eso sí son adelantos, y no brincar la pantalla.
Sin embargo, Wii Party es divertido y Demon's Souls es difícil. Y eso marca la diferencia a la hora de definir en ventas a ambos títulos. Jugar al escondite con mandos que suenan como vacas y cerdos (sí, sé que suena a tonto) es una experiencia que todo el mundo debería probar, sin importar la edad, y por mucho que me guste, no recomendaría a demasiada gente Demon's Souls.
Y, como persona con mente abierta que soy, me muero más de ganas de probar los títulos que salgan en un futuro para Wii, Kinect o Playstation Move, al igual que espero llegar al final de la última expansión que salga de Fallout New Vegas.