DEBUTÓ EN 2007 Y CUENTA CON 15 JUEGOS
O la amas o la odias. Algo tan extremo se puede decir de Assassin's Creed. O te apasionan sus mundos, su estilo de juego y eso de tener al menos una entrega anual, o por el contrario te produce desazón todo esto y te centras únicamente en sus fallos, en sus bugs, en sus glitches y en su a veces falta de IA. La saga de Ubisoft está de enhorabuena estos días, y es que a sus 15 juegos se ha sumado el nuevo Syndicate, que transcurrirá en la Londres victoriana y que saldrá a finales de 2015.
Sí, ya van 16 títulos. Nada más y nada menos que 16. Dieciseis es un número al que sólo son capaces de llegar las más longevas sagas, pero cabe destacar que Assassin's Creed no tiene ni diez años de vida. Ni una década llevamos poniéndonos en la piel del protagonista de turno en la guerra sin fin de asesinos y templarios. Ni dos lustros hace que visitamos por primera vez uno de los mundos recreados por Ubisoft para el juego de Altair.
Y es que lo que iba a haber sido un nuevo juego de Prince of Persia, que por aquel entonces estaba viviendo su segunda juventud, terminó convirtiéndose en el debut de una de las franquicias que más dinero mueve y que más jugadores es capaz de captar. Assassin's Creed había nacido gracias a Patrice Desilets, un juego que nos llevaría a visitar lugares de la Tercera Cruzada con un personaje ágil, capaz de escalar hasta las más altas edificaciones y con un objetivo claro: asesinar.
Un debut repetitivo
Precisamente eso fue algo que muchos criticaron, pues se tachó al juego de monótono y de repetitivo. Visitar ciudad nueva, escalar las atalayas, cumplir ciertas misiones secundarias que eran siempre las mismas y como colofón contrato de asesinato al canto para matar al malo de turno. Ése era el concepto que tenía. Eso sí, a la hora de cargarse gente teníamos cierta libertad de acción. Si bien optábamos por el sigilo o si bien preferíamos ir a lo bestia para no perder tiempo.
Así fue su debut. Quizá se llevó palos por parte de muchos, pero lo importante es que Assassin's Creed ya estaba vivo. La idea de ponernos en lugares que es imposible que visitemos salvo que haya en un futuro una máquina del tiempo y de ponernos en la piel de un personaje para ser parte de ese mundo, sin olvidar la trama del presente con Desmond Miles y con Abstergo. Pero lo que todos los AC tienen en común es el teletransportarnos y hacernos vivir con éxito una época del pasado.
Pero en Ubisoft se hicieron eco de las críticas y esperaron un par de años para volver a la carga. Cambiaron el concepto de Desilets y no dejaron todo en el asesinato, o al menos no dejaron las misiones principales como meros motivos para matar. Con el objetivo de olvidarse de la reiteración y de la monotonía surgió Assassin's Creed II, que crearía un mundo tan querido por los fans que fue capaz de tener dos secuelas directas.
Tres partes para Ezio
Fue posible gracias al cambio de formato que dio Ubisoft. Los asesinatos no eran la pieza central del juego y en muchas ocasiones eran misiones secundarias, misiones que por cierto empezaron a tener gran variedad. La personalización cobró vida, y todo se movía en perfecta sintonía conforme iban pasando los minutos y las horas de juego. Eso sí, sin Ezio Auditore al frente quién sabe lo que habría pasado...
Probablemente él sea el mejor personaje que ha dado Assassin's Creed. Su historia, sus motivaciones, su personalidad y el hecho de ser quien termina siendo hacen de él el icono de la saga, a años luz del resto de protagonistas. Y qué decir de los secundarios. Y qué decir de esa Italia del Renacimiento, y del maravilloso doblaje al castellano que tuvimos. Conocer a míticos como Leonardo da Vinci no tiene precio. Todo sirvió para que Ezio no se fuera con el final del juego.
Para que volviera a protagonizar otros dos títulos más, llamados La Hermandad y Revelations. El primero tenía de fondo a Roma, a una espectacular recreación de Roma, mientras que en el segundo nos trasladábamos al Imperio Otomano, con Constatinopla como ciudad principal. Aquí vemos un cruce de historias entre Ezio, Desmond y Altair. Sí, el mismo personaje del primer juego. El Fruto del Edén unía a los tres.
Nada como la segunda entrega
Sería el adiós de Ezio y la entrada de la saga en una espiral algo irregular e inestable de la que aún no ha salido. Assassin's Creed III pecó con un personaje que apenas se recuerda como es Connor Kenway. La idea era buena, pues eso de vivir desde dentro la Revolución en Estados Unidos era cuanto menos interesante. Cambio de continente que no daría el resultado esperado, aunque al siguiente año viviríamos el primer viaje hacia atrás con la cuarta parte.
Con una más que interesante cuarta entrega. Assassin's Creed IV: Black Flag es el juego más diferente de todos cuantos han salido de esta franquicia. Es así primero por ir hacia atrás, manejando al abuelo de Connor, Edward. Y segundo porque transcurría en los mares del Caribe. Sí, cambiamos tierra firme por mar. Por una aventura de piratas espectacular, con navíos de todo tipo y con unas travesías marinas inmensas. Las grandes ciudades y edificaciones anteriores se cambian por islas y vegetación.
Fue este el primer juego de la franquicia que salió para PS4 y Xbox One, pero en 2014 veríamos el que fue el primero pensado para estas máquinas. Assassin's Creed Unity fue un auténtico bajón en toda regla. La Revolución Francesa, que para tanto juego da, se quedó en un vacío debido a los grandes bugs con los que el título salió a la venta. Bajadas de frames, glitches de todo tipo y un resultado final que hemos tardado en ver. Daba la sensación de que salió semanas antes de estar terminado.
Japón, asignatura pendiente
Aquí termina, hasta ahora claro, la rama principal de Assassin's Creed. Pero lejos de estas entregas ha habido otras como Bloodlines, Liberations, Rogue y el reciente Chronicles, que transcurre en China. Precisamente visitar algún país oriental, en especial el Japón feudal, es algo que los fans llevan pidiendo largo tiempo. Veremos si Ubisoft coge la idea...